miércoles, 7 de septiembre de 2016

La vida con un nuevo bebé



Ante todo, mis disculpas por una desconexión demasiado larga. Durante este tiempo ha llegado un nuevo miembro a la familia (con todo lo que ello conlleva) y he tenido ritmos laborales dispares. Decidida a no abandonar de nuevo mi entorno social digital, me hace mucha ilusión poneros al día.

Me he replanteado en muchas ocasiones el tono de este Blog ya que sigo con ganas a otras madres bloggeras que se definen como anti dramáticas o que comentan con sarcasmo las situaciones cotidianas que se encuentran en su día a día, las hay consejeras y las que no se estresan nunca... vamos, de todo. Yo no quiero ser ácida, perfecta o ñoña ni pretendo quejarme por todo. Me he propuesto no aferrarme a una única personalidad. Esto quiere decir que voy a transmitir lo que veo y siento según cómo me encuentre en ese momento. Así que permitidme que hoy, siendo fiel a mi misma, os cuente cómo llevo lo de vivir con dos criaturitas. Avanzo mi estado en el siguiente titular: "Si este segundo bebé llega a ser el primero sería hijo único"

Ya lo dicen que no hay dos hermanos iguales. Pues qué gran verdad!! La segunda criatura cuenta ya con 9 meses y ya da el doble no, el triple de faena que el mayor. Dicen que a grandes edades grandes problemas.. pues para ser el enano, nos lleva de cabeza. No llevo dormidas tres horas seguidas desde no sé cuando, no puedo dejar el pecho porque lo necesita todavía como el aire que respira, no puedo perderle de vista ni un instante porque se sube a todo, lo toca todo y se lo mete to-do a la boca y es tan fuerte y bruto que me parece que a la que camine habrá que poner guardaespaldas al mayor. Parece mentira que esa bolita tan simpática y risueña pueda dar tanta guerra.

Y si por un lado tenemos este estrés absoluto, por suerte, contamos con la experiencia del primero. Por ello no salimos corriendo a urgencias cuando se cayó de la cama (aunque mi llorera de culpabilidad me la di por haberme girado la friolera de 5 segundos) ni cuando se dio de morros gateando (con su mini chichón y gotilla de sangre pertinente). Eso sí, no tenía ni dos meses de vida cuando una tos muy fea lo llevó durante tres días al hospital con bronquiolitis. Ya lo pensamos cuando su hermano le tosió en plena cara, nada bueno podía salir de ese acercamiento.

Eso sí, para que veáis que no todo es malo, tengo que decir que el mayor lo ha llevado fenomenal. Sin celos ni numeritos (se basta con sus berrinches propios de los 4 años) hacia el bebé. Lo quiere, se deja estirar de los pelos con una carcajada, lo vigila (a ratos) y sonríe siempre que una vecina o dependienta se para a piropear al peque (cuando antes era él quién únicamente recibía los piropos). Si cuando nos mudemos y compartan habitación lo sigue llevando así de bien, nos daremos por muy satisfechos.

Y ahora mismo ando buscando trabajo y dejando al peque tres horitas en la guardería por las mañanas ya que, de tenerlo en casa, no podría hacer absolutamente nada. De hecho, compramos vía Amazon un corralito para tenerlo controlado y evitar que estire de los cables y se los meta en la boca. O lo que es lo mismo, para poder lavarme los dientes sin miedo a que se mate. Creo que con lo manazas que es, ni los protectores de enchufes y esquinas estarían a prueba de este terremoto.

Para no alargarme más en mi regreso al Blog, y a la espera de iros recuperando de vuelta, reclamo vuestros trucos milagrosos para poder quitar las tomas de pecho de madrugada (el chupete ha fracasado estrepitosamente).

Hasta pronto!!


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